La Gran Vía es una de las principales avenidas de Madrid, se extiende a lo largo de kilómetro y medio exhibiendo orgullosa el panorama con lo más significativo de su historia arquitectónica de la primera mitad de siglo XX. Se divide en tres tramos, el primero de ellos va de la Calle Alcalá a la Red de San Luis mostrando en sus edificios el gusto francés que imperaba en la época; en sus otros dos tramos que van de la Red de San Luis a la Plaza de Callao y de esta a la Plaza España luce un estilo marcadamente norteamericano
Hagamos un breve resumen de su historia. Fue en 1898 cuando el Ayuntamiento encargó a los arquitectos José López Salaberry y Francisco Octavio Palacios, la realización de la Gran Vía y sus proyectos serían aprobados en 1901. Sin embargo, por diversos problemas surgidos, habría que esperar hasta 1910 para el comienzo de las obras, a iniciativa del rey Alfonso XIII y siendo alcalde de Madrid José Francos Rodríguez, aunque había sido el Conde de Peñalver quien mayor interés mostrara en llevarlas a efecto.
Dividida en tres tramos bien diferenciados, que se corresponden con las tres etapas de su construcción, el primero sigue aproximadamente, el trazado de la antigua calle de San Miguel y lo forman edificios en los que se observa el eclecticismo típico del XIX, con predominio del estilo neorrenacentista. Será en 1924 cuando el Ayuntamiento se haga cargo de este tramo.
En la Red de San Luis hay que recordar el templete de los ascensores del Metropolitano, obra de Palacios, hoy desaparecido y trasladado a Porriño, pueblo natal de su autor.
El segundo tramo siguió el trazado de la calle de Jacometrezo y fue prolongado hasta la plaza del Callao. En él comenzaron a aparecer edificios de un funcionalismo americanizante. Estaba en los proyectos la realización de un bulevar central, que no llegó a construirse.
El tramo final, hasta la Plaza de España, ofrece una mayor unidad estética, ya que casi todos sus edificios siguen las líneas funcionalistas y es entre éstos el edificio Carrión, también conocido por “Capitol”, el mejor ejemplo que se conserva en Madrid en cuanto a esa tendencia. Fueron sus arquitectos Martínez Feduchi y Eced.
LA PLAZA ESPAÑA Y EL MONUMENTO A CERVANTES.
Plaza de España.
La enorme explanada cumple a la vez las funciones de nudo de tráfico y de lugar de encuentro. Los grandes plátano de su lado sur sirven de agradable y frondoso telón al jardín algo destartalado que ocupa el centro. En medio, rodeado de olivos, se alza un retórico Monumento a Cervantes diseñado en 1915 por Teodoro Anasagasti y Mateo Inurria: su traza nunca llegó a despertar grandes entusiasmos, quizá por lo ambicioso del proyecto que, con el pretexto de un homenaje al autor de “El Quijote”, pretendía plasmar las “esencias hispánicas”.
TORRE DE MADRID.
Plaza. de España, 18 – c/ Princesa, 1.
Rascacielos que da imagen al inicio del despegue económico y desarrollista de los años cincuenta. Obra de los hermanos Otamendi (1954) y Muguruza. La Torre de Madrid, después de tocar fondo en 1994, rebosa ahora actividad. Ese año quedaban sólo cinco inquilinos y algunas empresas perdidas entre sus 34 plantas. Metrovacesa acometió una reforma que envolvió los 140 metros de altura de la torre de andamios. Tras las obras, la actividad volvió al inmueble. Ahora el edificio está repleto. Unas 3.500 personas cruzan sus puertas a diario camino de alguna de las 150 empresas o de los 125 apartamentos que hay en la torre, el bloque más alto de viviendas en Madrid.
LA TORRE DE MADRID El EDIFICIO ESPAÑA POR DANIEL SÁNCHEZ,
Madrid El País 22 de mayo de 2004 Dos colosos con trayectorias opuestas
34 plantas: 1ª a 14ª oficinas
143 empresas + 7 locales
16ª a 34ª 130 viviendas de lujo
142 metros de altura
48.185 metros cuadrados construidos
Planta: 10.800 m2
Año de construcción: 1954 –1960
Ascensores: 12
Pasan unas 3.500 personas al día
Precio de venta: 250-300 millones de euros
Ocupación: 100% 28 plantas, 117 metros de altura
76.300 metros cuadrados construidos
600 locales: 400 oficinas
200 viviendas
Hotel Crown: 306 habitaciones y 41 suites.
Planta: 4.600 m2
Precio: 1,2 millones de euros (1953)
Año de construcción: 1948 –1953
Ascensores: 32
Precio de venta: 400 millones de euros
Ocupación: 15,6%
El edificio España, el primer rascacielos de Madrid con el permiso del edificio de la Telefónica, contó desde un principio con el apoyo de Franco, a pesar de que su construcción rompió el perfil de la ciudad. Este perfil, llamado la fachada imperial, se consideraba en el Plan general de 1941 una vista esencial de la ciudad con la catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Casa del Partido que se iba a levantar sobre las ruinas del cuartel de la Montaría. La economía primó sobre los Ideales políticos y la Casa del Partido se quedó sobré el papel.
La compañía Metrovacesa (entonces llamada Compañía Inmobiliaria Metropolitana) quería construir un edificio simbólico, y Franco pensó que convenía tener un bloque representativo con un hotel de lujo en su interior que permitiese a los embajadores de las naciones amigas llegar en carroza desde allí al Palacio Real.
En la clasificación de los edificios más altos de la capital, la torre de Madrid y el edificio España aparecen en d segundo y cuarto lugares, respectivamente, con sus 142 y 117 metros de altura. Fueron los dos más altos de Madrid y de España, el régimen presumió de ellos también en Europa, durante casi treinta años.
Como ellos por encima de la barrera de los 100 metros, existen otros seis (o siete, ya que la Puerta de Europa, la plaza de Castilla, son dos Moques gemelos) en la capital. Aun así, sólo la torre Picasso consiguió desbancar a la torre de Madrid en 1988. Con la aparición de los dos rascacielos de hormigón de la plaza de España, ésta se convirtió en la referencia económica de la ciudad durante muchos años. Después, la llegada de los colosos del moderno acero a Nuevos Ministerios relegó a los edificios de la plaza de España a un segundo plano. El primero en llegar fue la torre Windsor, levantada en 1979. Este era el último de los rascacielos por encima de 100 metros de altura en Madrid. El año siguiente, a escasos metros del bloque quemado, se construyó el BBVA, que con 107 metros sólo, superaba por uno a su compañero. La Puerta de Europa (117 metros), las torres Colón (116) y la torre Europa (121) completan, de menor a mayor, la clasificación de edificios más altos.
Se vende Edificio céntrico. Amplio. Luminoso. Magníficas vistas; y mejor emplazamiento. Bien comunicado. Superficie: 76.300 m². Precio: 400 millones de euros negociables. Interesados, llamar.
Este podría ser el cartel que colgase de la fachada del Edificio España. Otro muy similar se podría ver en el lateral de su hermana menor (en años y superficie), la Torre de Madrid, distante apenas 100 metros. Ambos, dos de los nueve edificios que hay en Madrid que superan los 100 metros de altura, salieron a la venta el pasado 28 de abril. La compañía propietaria, Metrovacesa, pretende ingresar 650 millones de euros por los dos.
Los dos rascacielos fueron los más altos de la capital durante 30 años. La Torre de Madrid todavía aguanta en el segundo lugar de esta clasificación, sólo superada por la Torre Picasso, mientras el Edificio España ha caído hasta la cuarta posición. Las diversas personalidades que los ocuparon y su privilegiado emplazamiento —levantados en el balcón que es la plaza de España, ofrecen posiblemente las mejores vistas de Madrid— hicieron de ellos lugares de referencia en la capital durante décadas. El paso del tiempo y la aparición de la zona de Azca (en Nuevos Ministerios) restaron importancia a los edificios, que comenzaron un lento pero constante declive. Hoy, los interesados en adquirir los dos bloques se encontrarán con dos imágenes muy diferentes.
La Torre de Madrid, después de tocar fondo en 1994, rebosa ahora actividad. Ese año quedaban sólo cinco inquilinos y algunas empresas perdidas entre sus 34 plantas. Metrovacesa acometió una reforma que envolvió los 140 metros de altura de la torre de andamios. Tras las obras, la actividad volvió al inmueble. Ahora el edificio está repleto. Unas 3.500 personas cruzan sus puertas a diario camino de alguna de las 150 empresas o de los 125 apartamentos que hay en la torre, el bloque más alto de viviendas en Madrid.
El Edificio España ha recorrido un camino diferente. Hasta hace cuatro años este coloso de 28 plantas estaba lleno, 600 locales ocupados, todos en alquiler. Empresas, particulares y tiendas abarrotaban el edificio, sin contar con el hotel Crown Plaza, que ha bajado su categoría de las originales cinco estrellas a cuatro.
Todo y todos en el edificio recuerdan lo que fue y ya no es, y lamentan su decadencia. Actualmente, de los 600 buzones que hay, sólo 94 reciben correspondencia. 45 empresas y 49 viviendas. El resto está vacío. Hay plantas enteras sin ocupar. Desde 2002, Metrovacesa no renueva contratos.
Adolfo lleva 31 años observando a diario quién entra y sale del enorme bloque. Y cada vez son menos. Él regenta un quiosco situado a escasos cinco metros del portal del Edificio España, el número 19 de la plaza, antes el 86 de la Gran Vía. A la evolución de esta calle está asociado el inmueble, según Adolfo. "Está bajo mínimos. Es un reflejo de lo que fe ha pasado a la Gran Vía. La gente que lo ocupaba ha fallecido o se la ido. Y los que vienen ahora... dicho con todo el respeto, no son igual". Adolfo recuerda cuando el edificio era un foco, que atraía a gente de la farándula. Actores, directores, toreros, ocupaban sus apartamentos de alquiler.
Eso fue desde su construcción, entre 1948 y 1953, por los hermanos Otamendi (Joaquín, arquitecto, y Julián, ingeniero, diseñaron entre los dos media Gran Vía) hasta los primeros años de este siglo." Entonces, más de 3.50Ü personas cruzaban a diario el laberíntico vestíbulo del Edificio España. Hoy, desde su puesto de vigilancia, Adolfo rebaja la cifra a "menos de 100".
Ahora la clave está en los ascensores. Todos están de acuerdo. Conserjes, inquilinos, visitantes ocasionales y los trabajadores de los locales de la planta baja. Cuando uno habla con cualquiera de ellos, es cuestión de tiempo que acaben pronunciando la frase mágica: "No hay más que fijarse en los ascensores para entender cómo está el edificio. Hace cuatro años tenías que esperar cerca de diez minutos para coger alguno por la cantidad de gente que había; ahora sólo tienes que elegir en cuál te quieres meter y subir". Otro dato significativo. Lo cuenta José Luis López, el cartero del edificio en los últimos ocho años: "Al principio traía 12 sacas de correo diarias. Ahora vengo sólo con una".
A diferencia de la Torre de Madrid, que se quedó vacía y después se remodeló, Metrovacesa ha decidido provocar la caída del Edificio España antes de que llegue su ocaso. Por eso lo están dejando morir. La compañía confirma que lo están vaciando y también arguye que el Ayuntamiento les obliga a hacer modificaciones para adaptarse a la normativa antiincendios y que, debido al mal estado de conservación del inmueble, es conveniente desalojarlo por completo. En lo demás guarda silencio.
Entre los pocos vecinos que quedan hay dos posturas. Los que tienen contrato de alquiler con fecha de finalización están nerviosos, porque tienen los días contados. Por otra parte, están aquellos en cuyo contrato no aparece fecha alguna, los indefinidos.
Sam Benady es uno de los primeros. Lleva casi veinte años trabajando en el edificio. Tiene contrato hasta el año 2013 y toda la intención de cumplirlo. La sociedad que ahora dirige, (posee una galería de arte y edita una revista), lleva 48 años en el inmueble. Afirma que Metrovacesa, pensando que se tenía que haber marchado, ya le llevó a juicio. Perdieron y allí sigue. En las últimas semanas, todos los inquilinos del Edificio España han recibido una carta. En ella se les informa de que se está vaciando el inmueble y que un despacho de abogados se pondrá en contacto con ellos (o viceversa, sí lo prefieren) para negociar. Las opciones son pocas, cuenta Leonardo, uno de los inquilinos. "Nos ofrecen que si nos vamos antes nos pagan una pequeña compensación económica". Pero anuncia: "Algunos vecinos que tienen contratos indefinidos me han dicho que no se irán si no les dan otra casa". Uno de éstos sin fecha de salida es Juan Diego Peral Hidalgo. Lleva 27 años en el edificio. Él ve la situación de otra manera: "Me reuní con los abogados [de Metrovacesa] y vimos cuál era mi situación. Yo estoy abierto a negociar".
En los últimos años, Peral ha visto salir a sus vecinos, cerrar negocios por todo el edificio y al inmueble morir poco a poco. La piscina, situada en el ático del edificio, a más de 100 metros de altura, se hizo famosa en todo Madrid por las fiestas que allí se organizaban, los restaurantes... Todo cerrado excepto una cincuentena de empresas - se proyectaron 400 locales para negocios en su momento - que no consiguen animar lo suficiente el inmueble. La galería comercial de la planta baja presenta un aspecto fantasmagórico, la mayoría de los locales cerrados. El único sonido que se oye es el eco de los pasos propios. La escalera, con un pasamanos dorado, está vacía. También los ascensores.
La realidad, admiten los vecinos, es que el edificio sí que ha perdido prestaciones. Leonardo lleva 14 años viviendo en un apartamento de 40 metros cuadrados por el que paga 579 euros. "El inmueble ha perdido mucho como tal", afirma. Y añade: "Sobre todo en servicios. Antes tenías de casi todo a domicilio, y si necesitabas algo se lo podías pedir al conserje. Ahora eso ha cambiado". Leonardo está preocupado. Termina contrato en un año. "¿Dónde encuentro yo ahora un piso en las mismas condiciones?", se pregunta.
En el Edificio España, entre el portal que da acceso al inmueble y la entrada al hotel, está el restaurante Boccalino. La trayectoria de este bar ha estado ligada a la del coloso que lo alberga. Jesús y Marco Núñez, padre e hijo, llevan más de 20 años regentando el negocio. Ocupan unos 500 m², distribuidos en tres niveles, que les cuestan más de 12.000 euros al mes. Temen por su futuro. "No se han dirigido a nosotros, pero sabemos que nos va a tocar porque todos están saliendo", dice resignado Marco. Y añade: "Llevamos invertidos más de tres millones de euros en el edificio". Frente a los siete que hay ahora, el restaurante llegó a tener 25 camareros. Eran otros tiempos. "Ofrecíamos servicio a la puerta a todo el bloque", continúa el hijo del dueño. Como todo el que lleva un tiempo en el edificio, afirma sentir “pena” por la situación que se está pasando. Con el paso del tiempo, el número de camareros fue bajando lentamente. De 25 a 17. De 17 a los siete actuales. ¿Qué deparará el futuro? Difícil saberlo. De momento, el contrato que tienen firmado vence en 2013. Y piensan dar guerra para rato.
En sus primeros años, el Edificio España causó sensación. En Madrid no se había visto nada parecido, a excepción quizá del cercano edificio de la Telefónica, inaugurado en 1929 en la Gran Vía y que algunos consideran el primer rascacielos de Europa. Con su estilo a la americana aunque respetando la tradición madrileña de conjugar ladrillo y piedra, el Edificio España fue presentado como un ejemplo de modernidad.
Tiene 28 plantas, 117 metros de altura, 32 ascensores y 10 escaleras para acceder a todos los rincones del bloque. Actores, productores y gente del mundo del espectáculo ocupaban sus viviendas, todas de alquiler. Diversas compañías establecieron allí sus sedes, entre ellas las grandes aerolíneas del mundo Fueron los años dorados de un edificio que también tiene una cara más oscura. Muchos vecinos cuentan que son varias las mujeres que se han suicidado tirándose de la terraza. A uno de los patios traseros incluso lo llegaron a conocer como el patio de la mujer muerta. La Torre de Madrid comparte esta leyenda negra. Al menos cuatro personas se han tirado desde sus terrazas desde que se construyó.
Metrovacesa planeó la Torre de Madrid “ ante el éxito comercial del Edificio España" sólo un año después de inaugurar éste. En octubre de 1957 se cubrieron aguas del que fue, con 142 metros, el edificio más alto de la capital hasta que se construyó la Torre Picasso en 1988. La gente viajaba a la capital para contemplar las obras. Fue la imagen más vista de Madrid durante mucho tiempo.
Durante años, empresarios e inquilinos se mezclaron en la inmensidad de la torre con los inquilinos de un hotel de lujo. Igual que el otro coloso, enseguida atrajo a actrices, directores y escritores que llenaron sus apartamentos de alquiler. Se llegó a decir que más de 20:000 personas pasaban al día por sus puertas.
Pero la torre se fue haciendo mayor. Estaba deteriorada y las averías surgían por todas partes. Ninguna grave, pero suficientes para que, en poco tiempo, quedara prácticamente vacía. Sólo se veían los carteles que, colgados en las fachadas, recordaban la presencia de ciertas empresas en el inmueble. Y cinco vecinos, entre ellos el escritor Fernando Díaz Plaja y su mujer Aidée, que ocuparon el piso 34, desde el que disfrutaron de la mejor vista de Madrid durante años. Incluso él, tal vez como símbolo de los nuevos tiempos, se ha marchado ya. Pilar, en cambio, ocupa un piso en la planta 26 y disfruta de los nuevos tiempos. Vive con su marido. Pagan "menos de 1.200 euros por unos 120 metros cuadrados". Tienen un contrato de un año prorrogable. "No hacen otro tipo", dice. Ellos son una pareja más entre un centenar de inquilinos, Sólo tienen buenas palabras para un edificio que ha vuelto a la vida.
Las viviendas, sin llegar a ser "de lujo" como se diseñaron, vuelven a alojar a trabajadores de la televisión y el cine como antaño. Boris Izaguirre, Elsa Pataky o el cantante Loquillo han vivido recientemente en la torre. El arquitecto encargado de la remodelación de 1995, Antonio Palomo, aventuro entonces un pronostico del perfil del futuro inquilino de la torre: joven profesional con alto nivel de vida. "No es lugar para familias", dijo. Acertó de pleno. Entre sus inquilinos sólo hay dos parejas con hijos pequeños. María José, de la papelería Azabache, uno de los locales del edificio, apunta otro modelo de habitante: "Habita también mucha gente extranjera a la que destinan aquí por un tiempo. Siempre hay mudanzas. Hay un montón de gente de paso".
TEMPLO DE DEBOD
Desde 1970 se encuentra aquí emplazado este pequeño templo egipcio donado por el gobierno de aquel país en reconocimiento a la colaboración prestada por los arqueólogos españoles que, formando parte de la expedición de la UNESCO, contribuyeron al rescate de los monumentos del valle de Nubio que habían de ser anegados por la construcción de la presa de Assuan.
El templo, que data del S. IV a. de C., fue mandado construir en honor del dios Amón por el faraón Azakheramón. De los tres pilones (puertas monumentales que abrían el acceso al templo) sólo se conservan dos. Contiene el templo bajorrelieves con escenas del faraón y de las divinidades de las que las más valiosas son las que cubren la entrada de la capilla central o del faraón. En la fachada posterior del templo se conservan otros dos relieves de época posterior (S. I d. De C.) dedicados a los dioses egipcios.
PALACIO DEL SENADO.
Plaza de la Marina Española, 10.
En su origen fue construido a finales del S. XVI para albergar a una comunidad de frailes agustinos. En el lugar que había sido antes iglesia del antiguo convento, se edificó, a principios del S. XIX el llamado “salón de sesiones de las Cortes Generales del Reino”, destinado a convertirse en Palacio del Senado. Estas obras las llevaría a cabo Francisco de Mora y realizaría luego en ellas la remodelación completa Isidro González Velázquez. Asimismo, en 1883, Emilio Rodríguez Ayuso diseñaría en el interior del edificio la magnífica biblioteca neogótica que ocupa uno de los claustros. Fue conocido hasta el S. XIX como antiguo colegio de Doña. María de Aragón y es uno de los edificios renacentistas más interesantes de Madrid.
PLAZA DE ORIENTE
Frente al palacio se abre la Plaza de Oriente luciendo su más reciente remodelación. Se extiende entre el Palacio de Oriente y el Teatro Real tuvo su origen en las demoliciones efectuadas para despejar la ciudad antigua y dar más perspectiva al Palacio real, la idea de José Bonaparte, hermano de Napoleón, se planteó crear una gran avenida donde hubiera una perspectiva del Palacio Real, para que pudiera contemplarse desde la Puerta del Sol. La plaza sin embargo, no tomaría su forma definitiva sino hasta 1881. En ella están colocadas algunas de las estatuas en piedra blanca de los reyes de la España medieval (VISIGODOS) que adornaban la fachada del palacio. Así pues, la plaza debe su origen a la iniciativa de José Bonaparte.
En la regencia del general Espartero (1841-43), se le encargó el proyecto al arquitecto Narciso Pascual y Colomer que ordena las manzanas de edificios, traza el jardín y proyecta las casa en un estilo clasicista.
Ocupa su centro el monumento escultórico más bello de Madrid: La estatua ecuestre de Felipe IV, una de las mejores de Europa, realizada por el florentino Pedro Tacca. la singularidad de la estatua reside en la posición empinada del caballo, especialmente porque fue la primera vez en la historia del arte que se consiguió un monumento de estas características ya que en 1640 no se había logrado fundir una estatua ecuestre en las que el caballo tuviese las dos patas delanteras levantadas. Arte, técnica y ciencia se suman en esta obra para la que se fundieron 18.000 libras de bronce, intervinieron Velázquez, autor del diseño y Galileo Galilei que se encargó de hacer los cálculos para lograr el difícil equilibrio del caballo, la obra fue colocada en tiempos de Isabel II.
El pedestal que sostiene la estatua muestra dos bajorrelieves, uno representando a Felipe IV concediendo a Velázquez la Cruz de Caballero de la Orden de Santiago y el otro con una alegoría a la protección de aquel rey sobre las artes.
El jardín está rodeado por numerosas estatuas de reyes españoles, realizadas por Salzillo.
En el jardín se levanta el monumento al cabo Noval, héroe de la campaña de Melilla de 1909, realizado por Benlliure. La plaza ha sufrido varias remodelaciones, una de las últimas la ha dejado en peatonal para uso y disfrute del turismo y los madrileños.
PALACIO REAL.
Plaza de Oriente.
El Palacio Real se alza sobre el anterior Alcázar.
El Alcázar, de origen árabe, fue habilitado tras la toma de Madrid por el rey Alfonso VI. Funciono como tal Palacio- Alcázar desde el S. XI hasta el 24 de diciembre de 1734, en que hubo un gran incendio que duro casi cuatro días y que destruyó gran parte del edificio.
El Alcázar árabe fue transformado en residencia durante la dinastía de los Trastámara, Enrique II, Juan II, y Enrique IV atraídos por la abundante caza en los bosques de Madrid y montes de El Pardo.
Sin embargo fue Felipe II quien lo amplió a Palacio Real, aunque anteriormente, Carlos V ya había comenzado su transformación, pidiendo proyectos a Luis de Vega, Alonso Covarrubias, etc. Estos proyectos los continuaron después Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y Francisco de Mora.
Al extinguirse la Casa de Austria en 1700, la corona de España pasó a Felipe V, nieto de Luis XIV. Fue entonces el primer Borbón de la dinastía española.
Felipe V ordenó la construcción de un palacio que fuese exponente de sus gustos clásicos y de su majestad. El resultado fue el armonioso edificio de piedra blanca de Colmenar con los jardines de Sabatini al norte y el campo del Moro al oeste, dominando el valle del Manzanares. El gusto marcadamente francés se adaptó al paisaje castellano
Felipe V, realizó el Palacio de la Granja de Segovia entre 1719-1723, obra del arquitecto Teodoro de Ardemáns y embellecido por el italiano Filippo Juvara y Sacchetti, Ventura Rodríguez y Sabatini y el jardinero Esteban Boutelou.
En 1735, el rey encargó la construcción de un Palacio en el mismo lugar que estaba el Alcázar al arquitecto Juvara, quien ideó un gran edificio de 500 metros de frente y 23 patios, pero al morir éste tomó la obra su discípulo Sacchetti, quien tuvo que reducir en una cuarta parte el proyecto de Filippo Juvara, por problemas materiales de espacio. Se puso la primera piedra el 7 de abril de 1738, día de en que la construcción del Palacio Real se iba a convertir en una obra grandiosa, que pretendía superar al propio Versalles.
Posteriormente Ventura Rodríguez, antiguo delineante de Sachetti, continuaría con las obras. En 1737 se excavaron los cimientos y el 7 de abril de 1738 fue colocada la primera piedra, bajo ella se dispuso un cofre de plomo con monedas acuñadas en Madrid, Sevilla, México y Perú.
Las obras se extendieron durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, quien lo habitó en 1764, pese a que los trabajos se continuaron hasta el siglo XIX e incluso el XX, cuando se derribaron las caballerizas que proyectó Sabatini y se sustituyeron en 1933 por los actuales jardines que llevan el nombre del arquitecto de Carlos III. El palacio se planteó a prueba de incendios, eliminando para ello toda la madera, salvo en puertas y ventanas.
El Palacio es una sólida construcción de estilo Barroco tardío y con influencias francesas e italianas. Tiene 870 ventanas, 240 balcones, 44 escaleras y 110 puertas.
La iconografía del palacio fue encargada al padre Sarmiento quien quiso mostrar la grandeza de España personificada -de acuerdo a la mentalidad de la época- en sus grandes hombres, razón por la cual, dispuso la instalación de estatuas colosales en lugares estratégicos de sus fachadas. Las estatuas que coronaban el edificio (con reyes desde Ataulfo a Fernando VI), fueron retiradas por temor a su gran peso y sustituidas por jarrones por una orden de Carlos III invocando razones de seguridad, pero en realidad estos se debieron principalmente al nuevo gusto de la época que retornaba al más puro clasicismo. Posteriormente se emplearon como ornamento de los alrededores del Palacio y en los Jardines del Buen Retiro y otras a lugares realmente alejados de su ubicación original, como Pamplona, Burgos o la Plaza de Oriente ubicada frente al Palacio.
Así pues recordemos que en su proyecto y construcción intervinieron los arquitectos Juvara y Sacchetti, Ventura Rodríguez y Sabatini. En su obra y decoración intervinieron artistas españoles y extranjeros, entre los que cuentan Conrado Giaquinto, Juan Tiépolo, Rafael Mengs, etc.
El imponente edificio tiene planta rectangular, con unos 140 m. de lado, un gran patio central y cuatro cuerpos salientes en los ángulos. De estilo barroco clasicista, sobre un zócalo almohadillado se alzan severos muros en los que, rítmicamente, se alternan enormes pilastras y columnas dóricas que se coronan con una balaustrada adornada por varias estatuas.
La fachada S (frente a la catedral de la Almudena) se halla coronada por un frontón y precedida por la Plaza de la Armería. La fachada E es el lado frontal a la plaza de Oriente. La fachada N, da a los jardines de Sabatini, trazados por el arquitecto F. García Mercadal durante los años 30 bajo la II República. La fachada O, sobre el campo del Moro, es la perspectiva más llamativa y se ve desde el alto de la c/ Bailén a la ribera del Manzanares.
Dos siglos de historia se reflejan en este palacio, que es uno de los mejores de Europa, así como sus porcelanas, tapices, muebles, armaduras y cuadros.
Actualmente continúa siendo Palacio Real, aunque no se habita como tal, sólo para las recepciones oficiales del actual jefe de Estado, el Rey. Una parte de sus dependencias se halla dedicada a Museo.
Palacio. La planta baja en dirección a la Plaza de Armas está inspirada en el último proyecto que Bernini efectuó para el Palacio del Louvre y en la fachada del Palacio de Versalles que da a los jardines y la real armería, que conserva armaduras de Carlos V a Felipe II
Lo que fueron apartamentos reales hoy se destinan a las reacepciones de S. M. el Rey. Una monumental escalera conduce a las habitaciones de Carlos III. el salón de alabarderos, el salón de columnas, (en el cual los jueves santos los reyes lavaban los pies a 25 pobres), el salón del trono o Salón de Embajadores tiene una magnífica bóveda, con pinturas de Mengs. En la antecámara real, dos retratos de Goya: Carlos IV y María Luisa, la saleta de Gasparini, El salón Gasparini (es una pieza suntuosa, excepcional en su refinada decoración, al estilo rococó), comedor de Carlos III; el salón de Carlos III, su dormitorio (donde murió en 1788); la sala de la porcelana, (resalta por estar recubierta de ese material) y el comedor de gala, (que hoy continúa con la misma función, su capacidad es de 145 comensales).
Dentro del área de habitaciones de Francisco de Asís, esposo de Isabel II, merecen la atención las sillas del llamado salón Amarillo. El comedor de gala de Alfonso XII sigue siendo hoy el lugar de los solemnes banquetes oficiales. Una joya especial es la riquísima colección de relojes que alberga el salón de Música, y que inició Carlos III en 1770.
El actual museo de tapices se ubica en lo que fueron habitaciones de la Reina María Cristina, madre de Alfonso XIII. Son notables la lámpara de la primera sala, salida de la Real Fábrica de La Granja, el mobiliario de estilo Isabel II, la amplia serie de retratos reales, los relieves en estuco, al estilo pompeyano, de la sala de los Espejos.
En el saliente izquierdo de la fachada a plaza de Oriente, más de veinte salas constituyen las habitaciones de Alfonso XII y su esposa Victoria Eugenia, últimos ocupantes reales del palacio, que abandonaron una mañana de 1931 camino del exilio. Es magnífico el salón del Trono, con una bóveda pintada por el Tiépolo en 1764 y su vistoso tapizado en rojo.
El museo de pinturas, bordados, porcelanas y cristalería se encuentra en el primer piso, en lo que fueron habitaciones de la hermana de Alfonso XII, la infanta Isabel. Presenta una muestra de objetos de este tipo pertenecientes a las familias reales de sumo interés. En pintura destacan un Bosco, varios lienzos de Rubens, otros tantos de Zurbarán, un San Pablo de El Greco, varios Goyas, el retrato del Conde-Duque de Olivares.
La biblioteca fue fundada por Felipe V y consta de más de 150.000 volúmenes, entre ellos algún incunable y manuscritos de incalculable valor. La sala de Medallas muestra una colección de piezas que abarcan desde el S. XVI hasta hoy. En una última sala, el museo de Música expone excelentes instrumentos musicales, como varios Stradivarius, dos pianos reales, dos preciosas guitarras, etc.
En cada rincón del palacio está impresa la mezcla de sobriedad y elegancia, dentro de un estilo clasicista. Los actuales reyes no lo usan más que para actos oficiales, entre las salas que se utilizan para este fin cabe destacar la decoración con frescos de Tiépolo, Bayeu y Mengs, sobresaliendo el salón de porcelana, réplica de la que se encuentra en el Palacio de Aranjuez Y el museo de carruajes
TEATRO REAL.
Plaza de Oriente, 5.
En sus orígenes, esta zona quedaba fuera de la muralla árabe, y allí se encontraban las Fuentes del Arrabal, también llamadas Caños del Peral por ser unos lavaderos públicos.
Desde 1704 se comenzó a habilitar como teatro al iniciarse por aquellos días las obras del Teatro Real, por orden expresa de la reina Isabel II. En principio fue teatro de la ópera, hasta 1965, en que queda como Sala de Conciertos, Escuela Superior de Arte Dramático y Conservatorio. Su extraño diseño en hexágono irregular se debe a la necesidad de conformarlo a la traza general de la plaza de Oriente. La sala tiene forma de herradura, con la caja del escenario como un gran espacio rectangular. Estuvo cerrado desde 1926 a 1966. Sigue un estilo neoclásico. En la actualidad está dedicado a Teatro de la Ópera.
CATEDRAL DE LA ALMUDENA
C/ Bailén y Cuesta de la Vega.
Procede del ambicioso y retardado proyecto de dotar a Madrid de una catedral. El primer intento en este sentido data de la época de Carlos IV, pero la idea empezó a tomar forma definitiva con motivo del derribo de la iglesia de Santa María, en 1870, considerada hasta entonces como la más antigua de la ciudad y localizada en la calle Mayor precisamente frente a lo que hoy se conoce como cripta de la Almudena.
En 1880 se daría el visto bueno a un proyecto del marqués de Cubas, que preveía la construcción de un gran templo neogótico, pero el intento quedaría paralizado ante el temor de que desentonase con el cercano diseño del Palacio Real. La cripta de la Almudena, de estilo neomedieval, conserva sobre el altar mayor la imagen de la patrona de Madrid que da nombre a este templo.
VIADUCTO.
C/ Bailén, sobre la C/ Segovia.
Resuelve la necesidad histórica de unir el Palacio real con Las Vistillas, salvando la vaguada de la calle de Segovia. Técnicamente es una magnífica obra racionalista de F. J. Ferrero y otros, en hormigón armado pulido, con tres bóvedas de 35 m. de luz cada una y 17,50 m. de flecha, construidas por cuatro nervios que soportan una estructura aporticada, en coincidencia con el eje de los montantes. Proyectado en 1932 y restaurado en 1977-78, sustituyó al primer viaducto de hierro (1872).
IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE LOS SERVITAS.
Plaza. de San Nicolás, s/n.
Esta iglesia es de estilo mudéjar; su arquitecto es anónimo y data su edificación del S. XII hoy declarada Monumento Nacional.
La iglesia ha sufrido varias transformaciones, pero conserva parte de la torre mudéjar, del S. XII, el reto, cabecera, ábside y su artesonado y yesería en el interior, son del mismo estilo mudéjar-gótico, del S. XV.
Fue creada como iglesia mozárabe. Hoy día tras las reformas franquistas sigue dedicándose este edificio también al culto.
PLAZA DE LA VILLA
La plaza de la Villa de Madrid tiene gran solera. Desde ella se gobierna la Villa desde tiempo inmemorial.
La iglesia de San Salvador, situada en la esquina de la calle Mayor con la de Señores de Luzón, tenía un gran atrio a donde acudían a reunirse los vecinos para discutir lo relativo a la vida comunal.
En 1346, Alfonso XI nombró un “regimiento” formado por 12 regidores que representaban a los vecinos. Nace así el Ayuntamiento de Madrid, del que hay noticias escritas desde 1464.
Estos regidores se reunían también en el atrio de la Iglesia de San Salvador, y al derribarse ésta en 1559, con motivo del ensanche de la calle Mayor, decidieron construir ya un edificio para sus reuniones. En la actualidad, la plaza es irregular y tiene a cada uno de los lados la llamada Casa de la Villa, actual Ayuntamiento, la Casa Cisneros, y la Casa de los Lujanes, en tanto que el cuarto lado es el que da a la calle Mayor.
Es uno de los rincones más bellos y mejor conservados de la geografía madrileña
CASA DE LA VILLA.
Plaza de la Villa, 5.
Sobre un solar propiedad del Municipio, se comienza en 1664, con proyectos de Gómez de Mora; fallecido éste, se hace cargo de la obra José Villarreal, y más tarde Teodoro de Ardemáns, pero siempre respetando los proyectos de aquél.
Su fachada es típica del clasicismo madrileño del S. XVII, inspirada en El Escorial: sencillez de líneas, torres en los ángulos rematadas por agudos chapiteles.
En 1789, Juan de Villanueva realiza una serie de renovaciones, como es el gran balcón que da a la calle Mayor.
La doble función de Casa Consistorial y cárcel, hará que el edificio tenga dos puertas a la calle, característica curiosa para una construcción de este tipo. El interior alberga zonas de gran interés: la escalera principal, el patio de cristales, distintos salones y la antigua capilla.
CASA CISNEROS.
Plaza de la Villa, 4.
Casa-palacio, construida en 1537 por Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del Cardenal, es una de las pocas obras de estilo plateresco que se conservan en Madrid. Estuvo preso Antonio Pérez ministro de Felipe II y vivió el Duque de Rivas.
La fachada a la calle del Sacramento es la más interesante. En 1909, el Ayuntamiento hizo una gran reforma a cargo del arquitecto Luis Bellido en 1910-14, la anexionó a la casa de la Villa por un pasadizo alto. Contiene mobiliario de estilo castellano y un excelente techo artesonado en el salón de Tapices flamencos del S. XV.
TORRE DE LOS LUJANES
Plaza. de la Villa, 2.
La Torre y la Casa de los Lujanes data de finales del S. XV y principios del siguiente, por tanto, es de las pocas construcciones que permanecen en Madrid de aquella época. Pertenecía esta edificación a una de las nobles familias madrileñas, de los Lujanes, como puede verse en los escudos de la portada gótica de la Casa. Su estilo es del gótico mudéjar. Fue reformada para albergar la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas fundada por Isabel II, restaurada entre 1910-12
Se dice que aquí estuvo prisionero Francisco I, el rey de Francia preso en la batalla de Pavía.
IGLESIA DE SAN MIGUEL o (IGLESIA PONTIFICIA)
C/ Santos Justo y Pastor.
Esta iglesia fue apadrinada por el infante don Luis Jaime de Borbón, que encargó los proyectos al arquitecto Teodoro Ardemans en el X. XVII y luego, en 1739 a Giacomo Bonavia se le encarga un nuevo proyecto
Destaca la fachada convexa, rematada por dos torres con originales chapiteles y frontón también curvo. La iglesia fue comenzada en 1739 y terminada en 1746, y constituye un valioso ejemplo del Rococó franco-italiano en Madrid. Es de destacar en ella su belleza interior, así como la originalidad de la planta, que tiene sus antecedentes en los maestros barrocos italianos.
LA PLAZA MAYOR
La plaza Mayor es una de las más bellas y más tradicionales de la ciudad que sorprende por su gran sentido de la armonía y sobriedad. En ella, además de tabernas y restaurantes es posible encontrar las más inverosímiles tiendas de mercería, baúles y maletas, las más antiguas sombrererías, alpargatas antiguas; y bajo las galerías una congregación de filatelistas y numismáticos que impregnan el ambiente de un delicioso sabor provinciano y popular.
Sobre la Plaza del “Arrabal”, Felipe II quiso hacer una gran plaza más moderna. Pidió para ello proyectos a Juan de Herrera pero fueron aprobados los del arquitecto Juan Gómez de Mora, quien dio comienzo a la edificación en el año 1616, dándose por concluida la obra en 1619.
Gómez de Mora hubo de ajustarse al único edificio que existía, que era el de la Casa de la Panadería de Sillero. Forma un rectángulo cerrado de 122 por 94 metros. Inicialmente estaba rodeada de casas de ladrillo de cinco pisos que se levantaban sobre los porches de piedra, todas poseían balcones adornados con filetes en negro y oro entre cada piso. Con gran sabiduría supo armonizar todo el conjunto, en el que podían alojarse 3.700 vecinos, en 136 casas con 437 balcones. El edificio principal, la Casa de la Panadería, era de propiedad municipal y en cuyos bajos habitaban los panaderos de los alrededores y en la planta principal existían espléndidos salones con un gran balcón desde el cual los reyes presenciaban los espectáculos
En su origen, el color de las fachadas fue rojo, más tarde conoció el blanco, y en la actualidad la Plaza Mayor ostenta en sus viviendas el color rojo. La forma de la plaza sería rectangular, como correspondía a la nueva plaza de una ciudad barroca.
Esta plaza tuvo desde el primer momento un carácter municipal y popular, destinándose a la contemplación de actos públicos habituales, aquí se ejecutó a condenados famosos (el marqués de Siete Iglesias), y se quemaban los herejes condenados por la Inquisición. Curiosamente, el uso de balcones no era exclusivo de los inquilinos de la vivienda, sino que estos se hallaban obligados a cederlos a invitados reales o bien para ser vendidos como localidades por el Concejo (Ayuntamiento).
Las casas eran de alquiler, y de los dos edificios principales, uno era la Casa de la Panadería, en cuyos bajos estaba instalada la panadería de la Villa, mientras en la planta principal existían espléndidos salones y un gran balcón desde el cual los reyes podían presenciar los espectáculos 1ue en aquel recinto se celebraban.
Frente a ésta, la Casa de la Carnicería, y bajo los soportales, diferentes vendedores de cáñamo, sedas, hilos y muchos más comerciantes, lo que hizo que, al igual que la Puerta del Sol, fuera éste un lugar muy concurrido de Madrid.
Tres incendios sufrió la Plaza Mayor: en 1631, 1672 y 1790. Por ello hubo de ser restaurada sucesivas veces, y se promulgaron ordenanzas contra incendios, las primeras que existieron en Madrid.
El último de los grandes incendios que sufrió la plaza, en 1791, obligó a reformarla por completo. El arquitecto Juan de Villanueva se ocupó de los trabajos y respetó escrupulosamente el trazado original de Gómez de la Mora, aunque uniformó la altura de los pisos de las fachadas igualándolos a la altura de la Casa de la Panadería.
La inauguración de esta plaza se efectuó en 1620 coincidiendo con la beatificación de San Isidro, patrón de la ciudad, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri, lo que motivó una justa poética en la que intervinieron Guillermo de Castro, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Se representaron dos comedias que Lope de Vega había escrito para la ocasión.
En la Plaza Mayor han celebrado de numerosos acontecimientos: desde proclamación de reyes, autos de fe de la Santa Inquisición, ejecuciones y fiestas de toros que llenaron de historia esta plaza, en la cual se congregaban cerca de 50.000 personas para presenciar los espectáculos. Para este tipo de ocasiones las fachadas eran cubiertas con telas de color verde y carmesí, prestando especial atención al balcón real ubicado en el segundo piso del edificio de la Panadería, el cual se adornaba con tisú de oro. El último gran acontecimiento fue la proclamación como reina de Isabel II, el 29 de septiembre de 1833..
Entre los más famosas están las fiestas por la llegada a Madrid del Príncipe de Gales en 1623, para casarse con la infanta Doña. María de Austria, hermana de Felipe IV, matrimonio que no se llegó a realizar. También se celebraron las fiestas de proclamación de los reyes, desde Felipe IV a Isabel II. Allí fue decapitado el orgulloso D. Rodrigo Calderón; también se celebraron numerosos autos de fe.
Una de las innovaciones más recientes fue la colocación de la estatua ecuestre de Felipe III, realizada en 1616 por Juan de Bolonia y Pietro Tacca y que quedó instalada en este lugar, en el año 1847, a iniciativa de Ramón de Mesonero Romanos, uno de los grandes cronistas con que contó de la ciudad.
El carácter de la Plaza Mayor no se ha perdido aún con el pasar de los años.
En la actualidad las actividades que se llevan a cabo en la Plaza Mayor son muy distintas pero los madrileños siguen acudiendo puntualmente todas las Navidades a recorrer los puestecillos que se colocan para la venta de objetos propios de la festividad como con las tradicionales figuras del belén. También se celebran espectáculos como los Festivales de España con representaciones de teatro, ballet y exhibiciones hípicas que imitan los torneos medievales, no faltan, ya que todos los domingos se congregan bajo sus galerías un animado mercado filatélico, las exposiciones de Filatelia y numismático, y en fin, es uno de los pocos lugares de la capital en donde el tiempo parece haberse parado.
IGLESIA DE SAN GINÉS
C/ Arenal, 13.
La capilla del Santo Cristo es una de las más antiguas de Madrid, levantada entre 1651-59 sobre los restos de una iglesia visigoda o mozárabe. La capilla es de una sola nave, con pequeña cúpula en el crucero. La parroquia es de tres naves y amplias capillas laterales de planta cuadrada, crucero y cúpula. El interior sufrió una importante reforma den el S. XVIII.
DESCALZAS REALES
Plaza de las Descalzas, 3.
Antes fue Palacio del Tesorero de Carlos I. Sólo queda el zaguán.
Fue fundación de Doña. Juana de Austria, hermana de Felipe II, la que eligió el palacio de D. Alonso Gutiérrez para adaptarlo al Convento de Franciscanas Descalzas de Santa Clara, de gran pobreza y humildad. La fundación comprendía también un orfanato para niñas en el mismo edificio, una tahona y la Casa de la Misericordia, que acogía a religiosas y sacerdotes ancianos.
La transformación del palacio a convento fue obra del arquitecto Antonio Sillero y J. B. De Toledo del 1556-1559-1564, que siguió el estilo protorrenacimiento toledano.
La iglesia, con fachada herreriana, será posterior, obra de Juan Bautista de Toledo, a quien Felipe II hizo venir de Nápoles para su realización, y en ella intervino también Juan Gómez de Mora, ya en el S. XVII.
Doña. Juana fue madre del rey Don Sebastián. Su hermana María, emperatriz de Alemania, también se retiró al monasterio, al igual que su hija doña Margarita, la que no quiso casarse con Felipe II, ya viudo de María Manuela de Portugal, de María Tudor, de Isabel de Valois y de Ana de Austria. La monja emperatriz se enclaustro aquí después de haber dado dos emperadores a Alemania, una reina a Francia, otra reina a España, quince archiduques a la Casa de Austria. Los restos de doña Juana reposan bajo la estatua orante esculpida por Pompeyo Leoni.
El conjunto es muy valioso, pues se trata del único ejemplo que hay en Madrid de la terminación del período ojival y de la plenitud del Renacimiento, su interior fue reformado casi en su totalidad por Juan de Villanueva en el siglo XVIII. Este convento tiene gran interés artístico, ya que guarda en su interior múltiples obras. Desde el claustro alto se abren sucesivas capillas que encierran auténticas joyas de arte, en el antecoro se encuentra una gran colección de ornamentos religiosos y valiosas tallas; el salón de tapices reúne buena parte de la importante colección que regalara a este convento la infanta Isabel Clara Eugenia, la magnífica colección de tapices del S. XVII de Taes y Geubels sobre cartones de Rubens y también se halla presente el retrato de la infanta Isabel que pintara Van Dyck. Cuenta además, con un excelente patrimonio en tallas de Pedro de Mena, Gregorio Fernández, pinturas de Zurbarán, Tiziano, Brueghel el Viejo, Ricci y Claudio Coello.
A través del recorrido también se puede admirar la casita de Nazaret, la capilla del milagro, el salón de los reyes y la sala de la escuela flamenca.
El convento estaba reservado a las hijas de la alta nobleza, profesaron en este convento monjas de sangre real y de la aristocracia y albergó a figuras tan relevantes como la misma Juana de Austria, a su madre la emperatriz Isabel y a Santa Teresa de Jesús. Todo ello explica la magnífica colección de obras de arte que se han acumulado a lo largo de los siglos y que estuvieron siempre protegidas por la clausura.
Hagamos un breve resumen de su historia. Fue en 1898 cuando el Ayuntamiento encargó a los arquitectos José López Salaberry y Francisco Octavio Palacios, la realización de la Gran Vía y sus proyectos serían aprobados en 1901. Sin embargo, por diversos problemas surgidos, habría que esperar hasta 1910 para el comienzo de las obras, a iniciativa del rey Alfonso XIII y siendo alcalde de Madrid José Francos Rodríguez, aunque había sido el Conde de Peñalver quien mayor interés mostrara en llevarlas a efecto.
Dividida en tres tramos bien diferenciados, que se corresponden con las tres etapas de su construcción, el primero sigue aproximadamente, el trazado de la antigua calle de San Miguel y lo forman edificios en los que se observa el eclecticismo típico del XIX, con predominio del estilo neorrenacentista. Será en 1924 cuando el Ayuntamiento se haga cargo de este tramo.
En la Red de San Luis hay que recordar el templete de los ascensores del Metropolitano, obra de Palacios, hoy desaparecido y trasladado a Porriño, pueblo natal de su autor.
El segundo tramo siguió el trazado de la calle de Jacometrezo y fue prolongado hasta la plaza del Callao. En él comenzaron a aparecer edificios de un funcionalismo americanizante. Estaba en los proyectos la realización de un bulevar central, que no llegó a construirse.
El tramo final, hasta la Plaza de España, ofrece una mayor unidad estética, ya que casi todos sus edificios siguen las líneas funcionalistas y es entre éstos el edificio Carrión, también conocido por “Capitol”, el mejor ejemplo que se conserva en Madrid en cuanto a esa tendencia. Fueron sus arquitectos Martínez Feduchi y Eced.
LA PLAZA ESPAÑA Y EL MONUMENTO A CERVANTES.
Plaza de España.
La enorme explanada cumple a la vez las funciones de nudo de tráfico y de lugar de encuentro. Los grandes plátano de su lado sur sirven de agradable y frondoso telón al jardín algo destartalado que ocupa el centro. En medio, rodeado de olivos, se alza un retórico Monumento a Cervantes diseñado en 1915 por Teodoro Anasagasti y Mateo Inurria: su traza nunca llegó a despertar grandes entusiasmos, quizá por lo ambicioso del proyecto que, con el pretexto de un homenaje al autor de “El Quijote”, pretendía plasmar las “esencias hispánicas”.
TORRE DE MADRID.
Plaza. de España, 18 – c/ Princesa, 1.
Rascacielos que da imagen al inicio del despegue económico y desarrollista de los años cincuenta. Obra de los hermanos Otamendi (1954) y Muguruza. La Torre de Madrid, después de tocar fondo en 1994, rebosa ahora actividad. Ese año quedaban sólo cinco inquilinos y algunas empresas perdidas entre sus 34 plantas. Metrovacesa acometió una reforma que envolvió los 140 metros de altura de la torre de andamios. Tras las obras, la actividad volvió al inmueble. Ahora el edificio está repleto. Unas 3.500 personas cruzan sus puertas a diario camino de alguna de las 150 empresas o de los 125 apartamentos que hay en la torre, el bloque más alto de viviendas en Madrid.
LA TORRE DE MADRID El EDIFICIO ESPAÑA POR DANIEL SÁNCHEZ,
Madrid El País 22 de mayo de 2004 Dos colosos con trayectorias opuestas
34 plantas: 1ª a 14ª oficinas
143 empresas + 7 locales
16ª a 34ª 130 viviendas de lujo
142 metros de altura
48.185 metros cuadrados construidos
Planta: 10.800 m2
Año de construcción: 1954 –1960
Ascensores: 12
Pasan unas 3.500 personas al día
Precio de venta: 250-300 millones de euros
Ocupación: 100% 28 plantas, 117 metros de altura
76.300 metros cuadrados construidos
600 locales: 400 oficinas
200 viviendas
Hotel Crown: 306 habitaciones y 41 suites.
Planta: 4.600 m2
Precio: 1,2 millones de euros (1953)
Año de construcción: 1948 –1953
Ascensores: 32
Precio de venta: 400 millones de euros
Ocupación: 15,6%
El edificio España, el primer rascacielos de Madrid con el permiso del edificio de la Telefónica, contó desde un principio con el apoyo de Franco, a pesar de que su construcción rompió el perfil de la ciudad. Este perfil, llamado la fachada imperial, se consideraba en el Plan general de 1941 una vista esencial de la ciudad con la catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Casa del Partido que se iba a levantar sobre las ruinas del cuartel de la Montaría. La economía primó sobre los Ideales políticos y la Casa del Partido se quedó sobré el papel.
La compañía Metrovacesa (entonces llamada Compañía Inmobiliaria Metropolitana) quería construir un edificio simbólico, y Franco pensó que convenía tener un bloque representativo con un hotel de lujo en su interior que permitiese a los embajadores de las naciones amigas llegar en carroza desde allí al Palacio Real.
En la clasificación de los edificios más altos de la capital, la torre de Madrid y el edificio España aparecen en d segundo y cuarto lugares, respectivamente, con sus 142 y 117 metros de altura. Fueron los dos más altos de Madrid y de España, el régimen presumió de ellos también en Europa, durante casi treinta años.
Como ellos por encima de la barrera de los 100 metros, existen otros seis (o siete, ya que la Puerta de Europa, la plaza de Castilla, son dos Moques gemelos) en la capital. Aun así, sólo la torre Picasso consiguió desbancar a la torre de Madrid en 1988. Con la aparición de los dos rascacielos de hormigón de la plaza de España, ésta se convirtió en la referencia económica de la ciudad durante muchos años. Después, la llegada de los colosos del moderno acero a Nuevos Ministerios relegó a los edificios de la plaza de España a un segundo plano. El primero en llegar fue la torre Windsor, levantada en 1979. Este era el último de los rascacielos por encima de 100 metros de altura en Madrid. El año siguiente, a escasos metros del bloque quemado, se construyó el BBVA, que con 107 metros sólo, superaba por uno a su compañero. La Puerta de Europa (117 metros), las torres Colón (116) y la torre Europa (121) completan, de menor a mayor, la clasificación de edificios más altos.
Se vende Edificio céntrico. Amplio. Luminoso. Magníficas vistas; y mejor emplazamiento. Bien comunicado. Superficie: 76.300 m². Precio: 400 millones de euros negociables. Interesados, llamar.
Este podría ser el cartel que colgase de la fachada del Edificio España. Otro muy similar se podría ver en el lateral de su hermana menor (en años y superficie), la Torre de Madrid, distante apenas 100 metros. Ambos, dos de los nueve edificios que hay en Madrid que superan los 100 metros de altura, salieron a la venta el pasado 28 de abril. La compañía propietaria, Metrovacesa, pretende ingresar 650 millones de euros por los dos.
Los dos rascacielos fueron los más altos de la capital durante 30 años. La Torre de Madrid todavía aguanta en el segundo lugar de esta clasificación, sólo superada por la Torre Picasso, mientras el Edificio España ha caído hasta la cuarta posición. Las diversas personalidades que los ocuparon y su privilegiado emplazamiento —levantados en el balcón que es la plaza de España, ofrecen posiblemente las mejores vistas de Madrid— hicieron de ellos lugares de referencia en la capital durante décadas. El paso del tiempo y la aparición de la zona de Azca (en Nuevos Ministerios) restaron importancia a los edificios, que comenzaron un lento pero constante declive. Hoy, los interesados en adquirir los dos bloques se encontrarán con dos imágenes muy diferentes.
La Torre de Madrid, después de tocar fondo en 1994, rebosa ahora actividad. Ese año quedaban sólo cinco inquilinos y algunas empresas perdidas entre sus 34 plantas. Metrovacesa acometió una reforma que envolvió los 140 metros de altura de la torre de andamios. Tras las obras, la actividad volvió al inmueble. Ahora el edificio está repleto. Unas 3.500 personas cruzan sus puertas a diario camino de alguna de las 150 empresas o de los 125 apartamentos que hay en la torre, el bloque más alto de viviendas en Madrid.
El Edificio España ha recorrido un camino diferente. Hasta hace cuatro años este coloso de 28 plantas estaba lleno, 600 locales ocupados, todos en alquiler. Empresas, particulares y tiendas abarrotaban el edificio, sin contar con el hotel Crown Plaza, que ha bajado su categoría de las originales cinco estrellas a cuatro.
Todo y todos en el edificio recuerdan lo que fue y ya no es, y lamentan su decadencia. Actualmente, de los 600 buzones que hay, sólo 94 reciben correspondencia. 45 empresas y 49 viviendas. El resto está vacío. Hay plantas enteras sin ocupar. Desde 2002, Metrovacesa no renueva contratos.
Adolfo lleva 31 años observando a diario quién entra y sale del enorme bloque. Y cada vez son menos. Él regenta un quiosco situado a escasos cinco metros del portal del Edificio España, el número 19 de la plaza, antes el 86 de la Gran Vía. A la evolución de esta calle está asociado el inmueble, según Adolfo. "Está bajo mínimos. Es un reflejo de lo que fe ha pasado a la Gran Vía. La gente que lo ocupaba ha fallecido o se la ido. Y los que vienen ahora... dicho con todo el respeto, no son igual". Adolfo recuerda cuando el edificio era un foco, que atraía a gente de la farándula. Actores, directores, toreros, ocupaban sus apartamentos de alquiler.
Eso fue desde su construcción, entre 1948 y 1953, por los hermanos Otamendi (Joaquín, arquitecto, y Julián, ingeniero, diseñaron entre los dos media Gran Vía) hasta los primeros años de este siglo." Entonces, más de 3.50Ü personas cruzaban a diario el laberíntico vestíbulo del Edificio España. Hoy, desde su puesto de vigilancia, Adolfo rebaja la cifra a "menos de 100".
Ahora la clave está en los ascensores. Todos están de acuerdo. Conserjes, inquilinos, visitantes ocasionales y los trabajadores de los locales de la planta baja. Cuando uno habla con cualquiera de ellos, es cuestión de tiempo que acaben pronunciando la frase mágica: "No hay más que fijarse en los ascensores para entender cómo está el edificio. Hace cuatro años tenías que esperar cerca de diez minutos para coger alguno por la cantidad de gente que había; ahora sólo tienes que elegir en cuál te quieres meter y subir". Otro dato significativo. Lo cuenta José Luis López, el cartero del edificio en los últimos ocho años: "Al principio traía 12 sacas de correo diarias. Ahora vengo sólo con una".
A diferencia de la Torre de Madrid, que se quedó vacía y después se remodeló, Metrovacesa ha decidido provocar la caída del Edificio España antes de que llegue su ocaso. Por eso lo están dejando morir. La compañía confirma que lo están vaciando y también arguye que el Ayuntamiento les obliga a hacer modificaciones para adaptarse a la normativa antiincendios y que, debido al mal estado de conservación del inmueble, es conveniente desalojarlo por completo. En lo demás guarda silencio.
Entre los pocos vecinos que quedan hay dos posturas. Los que tienen contrato de alquiler con fecha de finalización están nerviosos, porque tienen los días contados. Por otra parte, están aquellos en cuyo contrato no aparece fecha alguna, los indefinidos.
Sam Benady es uno de los primeros. Lleva casi veinte años trabajando en el edificio. Tiene contrato hasta el año 2013 y toda la intención de cumplirlo. La sociedad que ahora dirige, (posee una galería de arte y edita una revista), lleva 48 años en el inmueble. Afirma que Metrovacesa, pensando que se tenía que haber marchado, ya le llevó a juicio. Perdieron y allí sigue. En las últimas semanas, todos los inquilinos del Edificio España han recibido una carta. En ella se les informa de que se está vaciando el inmueble y que un despacho de abogados se pondrá en contacto con ellos (o viceversa, sí lo prefieren) para negociar. Las opciones son pocas, cuenta Leonardo, uno de los inquilinos. "Nos ofrecen que si nos vamos antes nos pagan una pequeña compensación económica". Pero anuncia: "Algunos vecinos que tienen contratos indefinidos me han dicho que no se irán si no les dan otra casa". Uno de éstos sin fecha de salida es Juan Diego Peral Hidalgo. Lleva 27 años en el edificio. Él ve la situación de otra manera: "Me reuní con los abogados [de Metrovacesa] y vimos cuál era mi situación. Yo estoy abierto a negociar".
En los últimos años, Peral ha visto salir a sus vecinos, cerrar negocios por todo el edificio y al inmueble morir poco a poco. La piscina, situada en el ático del edificio, a más de 100 metros de altura, se hizo famosa en todo Madrid por las fiestas que allí se organizaban, los restaurantes... Todo cerrado excepto una cincuentena de empresas - se proyectaron 400 locales para negocios en su momento - que no consiguen animar lo suficiente el inmueble. La galería comercial de la planta baja presenta un aspecto fantasmagórico, la mayoría de los locales cerrados. El único sonido que se oye es el eco de los pasos propios. La escalera, con un pasamanos dorado, está vacía. También los ascensores.
La realidad, admiten los vecinos, es que el edificio sí que ha perdido prestaciones. Leonardo lleva 14 años viviendo en un apartamento de 40 metros cuadrados por el que paga 579 euros. "El inmueble ha perdido mucho como tal", afirma. Y añade: "Sobre todo en servicios. Antes tenías de casi todo a domicilio, y si necesitabas algo se lo podías pedir al conserje. Ahora eso ha cambiado". Leonardo está preocupado. Termina contrato en un año. "¿Dónde encuentro yo ahora un piso en las mismas condiciones?", se pregunta.
En el Edificio España, entre el portal que da acceso al inmueble y la entrada al hotel, está el restaurante Boccalino. La trayectoria de este bar ha estado ligada a la del coloso que lo alberga. Jesús y Marco Núñez, padre e hijo, llevan más de 20 años regentando el negocio. Ocupan unos 500 m², distribuidos en tres niveles, que les cuestan más de 12.000 euros al mes. Temen por su futuro. "No se han dirigido a nosotros, pero sabemos que nos va a tocar porque todos están saliendo", dice resignado Marco. Y añade: "Llevamos invertidos más de tres millones de euros en el edificio". Frente a los siete que hay ahora, el restaurante llegó a tener 25 camareros. Eran otros tiempos. "Ofrecíamos servicio a la puerta a todo el bloque", continúa el hijo del dueño. Como todo el que lleva un tiempo en el edificio, afirma sentir “pena” por la situación que se está pasando. Con el paso del tiempo, el número de camareros fue bajando lentamente. De 25 a 17. De 17 a los siete actuales. ¿Qué deparará el futuro? Difícil saberlo. De momento, el contrato que tienen firmado vence en 2013. Y piensan dar guerra para rato.
En sus primeros años, el Edificio España causó sensación. En Madrid no se había visto nada parecido, a excepción quizá del cercano edificio de la Telefónica, inaugurado en 1929 en la Gran Vía y que algunos consideran el primer rascacielos de Europa. Con su estilo a la americana aunque respetando la tradición madrileña de conjugar ladrillo y piedra, el Edificio España fue presentado como un ejemplo de modernidad.
Tiene 28 plantas, 117 metros de altura, 32 ascensores y 10 escaleras para acceder a todos los rincones del bloque. Actores, productores y gente del mundo del espectáculo ocupaban sus viviendas, todas de alquiler. Diversas compañías establecieron allí sus sedes, entre ellas las grandes aerolíneas del mundo Fueron los años dorados de un edificio que también tiene una cara más oscura. Muchos vecinos cuentan que son varias las mujeres que se han suicidado tirándose de la terraza. A uno de los patios traseros incluso lo llegaron a conocer como el patio de la mujer muerta. La Torre de Madrid comparte esta leyenda negra. Al menos cuatro personas se han tirado desde sus terrazas desde que se construyó.
Metrovacesa planeó la Torre de Madrid “ ante el éxito comercial del Edificio España" sólo un año después de inaugurar éste. En octubre de 1957 se cubrieron aguas del que fue, con 142 metros, el edificio más alto de la capital hasta que se construyó la Torre Picasso en 1988. La gente viajaba a la capital para contemplar las obras. Fue la imagen más vista de Madrid durante mucho tiempo.
Durante años, empresarios e inquilinos se mezclaron en la inmensidad de la torre con los inquilinos de un hotel de lujo. Igual que el otro coloso, enseguida atrajo a actrices, directores y escritores que llenaron sus apartamentos de alquiler. Se llegó a decir que más de 20:000 personas pasaban al día por sus puertas.
Pero la torre se fue haciendo mayor. Estaba deteriorada y las averías surgían por todas partes. Ninguna grave, pero suficientes para que, en poco tiempo, quedara prácticamente vacía. Sólo se veían los carteles que, colgados en las fachadas, recordaban la presencia de ciertas empresas en el inmueble. Y cinco vecinos, entre ellos el escritor Fernando Díaz Plaja y su mujer Aidée, que ocuparon el piso 34, desde el que disfrutaron de la mejor vista de Madrid durante años. Incluso él, tal vez como símbolo de los nuevos tiempos, se ha marchado ya. Pilar, en cambio, ocupa un piso en la planta 26 y disfruta de los nuevos tiempos. Vive con su marido. Pagan "menos de 1.200 euros por unos 120 metros cuadrados". Tienen un contrato de un año prorrogable. "No hacen otro tipo", dice. Ellos son una pareja más entre un centenar de inquilinos, Sólo tienen buenas palabras para un edificio que ha vuelto a la vida.
Las viviendas, sin llegar a ser "de lujo" como se diseñaron, vuelven a alojar a trabajadores de la televisión y el cine como antaño. Boris Izaguirre, Elsa Pataky o el cantante Loquillo han vivido recientemente en la torre. El arquitecto encargado de la remodelación de 1995, Antonio Palomo, aventuro entonces un pronostico del perfil del futuro inquilino de la torre: joven profesional con alto nivel de vida. "No es lugar para familias", dijo. Acertó de pleno. Entre sus inquilinos sólo hay dos parejas con hijos pequeños. María José, de la papelería Azabache, uno de los locales del edificio, apunta otro modelo de habitante: "Habita también mucha gente extranjera a la que destinan aquí por un tiempo. Siempre hay mudanzas. Hay un montón de gente de paso".
TEMPLO DE DEBOD
Desde 1970 se encuentra aquí emplazado este pequeño templo egipcio donado por el gobierno de aquel país en reconocimiento a la colaboración prestada por los arqueólogos españoles que, formando parte de la expedición de la UNESCO, contribuyeron al rescate de los monumentos del valle de Nubio que habían de ser anegados por la construcción de la presa de Assuan.
El templo, que data del S. IV a. de C., fue mandado construir en honor del dios Amón por el faraón Azakheramón. De los tres pilones (puertas monumentales que abrían el acceso al templo) sólo se conservan dos. Contiene el templo bajorrelieves con escenas del faraón y de las divinidades de las que las más valiosas son las que cubren la entrada de la capilla central o del faraón. En la fachada posterior del templo se conservan otros dos relieves de época posterior (S. I d. De C.) dedicados a los dioses egipcios.
PALACIO DEL SENADO.
Plaza de la Marina Española, 10.
En su origen fue construido a finales del S. XVI para albergar a una comunidad de frailes agustinos. En el lugar que había sido antes iglesia del antiguo convento, se edificó, a principios del S. XIX el llamado “salón de sesiones de las Cortes Generales del Reino”, destinado a convertirse en Palacio del Senado. Estas obras las llevaría a cabo Francisco de Mora y realizaría luego en ellas la remodelación completa Isidro González Velázquez. Asimismo, en 1883, Emilio Rodríguez Ayuso diseñaría en el interior del edificio la magnífica biblioteca neogótica que ocupa uno de los claustros. Fue conocido hasta el S. XIX como antiguo colegio de Doña. María de Aragón y es uno de los edificios renacentistas más interesantes de Madrid.
PLAZA DE ORIENTE
Frente al palacio se abre la Plaza de Oriente luciendo su más reciente remodelación. Se extiende entre el Palacio de Oriente y el Teatro Real tuvo su origen en las demoliciones efectuadas para despejar la ciudad antigua y dar más perspectiva al Palacio real, la idea de José Bonaparte, hermano de Napoleón, se planteó crear una gran avenida donde hubiera una perspectiva del Palacio Real, para que pudiera contemplarse desde la Puerta del Sol. La plaza sin embargo, no tomaría su forma definitiva sino hasta 1881. En ella están colocadas algunas de las estatuas en piedra blanca de los reyes de la España medieval (VISIGODOS) que adornaban la fachada del palacio. Así pues, la plaza debe su origen a la iniciativa de José Bonaparte.
En la regencia del general Espartero (1841-43), se le encargó el proyecto al arquitecto Narciso Pascual y Colomer que ordena las manzanas de edificios, traza el jardín y proyecta las casa en un estilo clasicista.
Ocupa su centro el monumento escultórico más bello de Madrid: La estatua ecuestre de Felipe IV, una de las mejores de Europa, realizada por el florentino Pedro Tacca. la singularidad de la estatua reside en la posición empinada del caballo, especialmente porque fue la primera vez en la historia del arte que se consiguió un monumento de estas características ya que en 1640 no se había logrado fundir una estatua ecuestre en las que el caballo tuviese las dos patas delanteras levantadas. Arte, técnica y ciencia se suman en esta obra para la que se fundieron 18.000 libras de bronce, intervinieron Velázquez, autor del diseño y Galileo Galilei que se encargó de hacer los cálculos para lograr el difícil equilibrio del caballo, la obra fue colocada en tiempos de Isabel II.
El pedestal que sostiene la estatua muestra dos bajorrelieves, uno representando a Felipe IV concediendo a Velázquez la Cruz de Caballero de la Orden de Santiago y el otro con una alegoría a la protección de aquel rey sobre las artes.
El jardín está rodeado por numerosas estatuas de reyes españoles, realizadas por Salzillo.
En el jardín se levanta el monumento al cabo Noval, héroe de la campaña de Melilla de 1909, realizado por Benlliure. La plaza ha sufrido varias remodelaciones, una de las últimas la ha dejado en peatonal para uso y disfrute del turismo y los madrileños.
PALACIO REAL.
Plaza de Oriente.
El Palacio Real se alza sobre el anterior Alcázar.
El Alcázar, de origen árabe, fue habilitado tras la toma de Madrid por el rey Alfonso VI. Funciono como tal Palacio- Alcázar desde el S. XI hasta el 24 de diciembre de 1734, en que hubo un gran incendio que duro casi cuatro días y que destruyó gran parte del edificio.
El Alcázar árabe fue transformado en residencia durante la dinastía de los Trastámara, Enrique II, Juan II, y Enrique IV atraídos por la abundante caza en los bosques de Madrid y montes de El Pardo.
Sin embargo fue Felipe II quien lo amplió a Palacio Real, aunque anteriormente, Carlos V ya había comenzado su transformación, pidiendo proyectos a Luis de Vega, Alonso Covarrubias, etc. Estos proyectos los continuaron después Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y Francisco de Mora.
Al extinguirse la Casa de Austria en 1700, la corona de España pasó a Felipe V, nieto de Luis XIV. Fue entonces el primer Borbón de la dinastía española.
Felipe V ordenó la construcción de un palacio que fuese exponente de sus gustos clásicos y de su majestad. El resultado fue el armonioso edificio de piedra blanca de Colmenar con los jardines de Sabatini al norte y el campo del Moro al oeste, dominando el valle del Manzanares. El gusto marcadamente francés se adaptó al paisaje castellano
Felipe V, realizó el Palacio de la Granja de Segovia entre 1719-1723, obra del arquitecto Teodoro de Ardemáns y embellecido por el italiano Filippo Juvara y Sacchetti, Ventura Rodríguez y Sabatini y el jardinero Esteban Boutelou.
En 1735, el rey encargó la construcción de un Palacio en el mismo lugar que estaba el Alcázar al arquitecto Juvara, quien ideó un gran edificio de 500 metros de frente y 23 patios, pero al morir éste tomó la obra su discípulo Sacchetti, quien tuvo que reducir en una cuarta parte el proyecto de Filippo Juvara, por problemas materiales de espacio. Se puso la primera piedra el 7 de abril de 1738, día de en que la construcción del Palacio Real se iba a convertir en una obra grandiosa, que pretendía superar al propio Versalles.
Posteriormente Ventura Rodríguez, antiguo delineante de Sachetti, continuaría con las obras. En 1737 se excavaron los cimientos y el 7 de abril de 1738 fue colocada la primera piedra, bajo ella se dispuso un cofre de plomo con monedas acuñadas en Madrid, Sevilla, México y Perú.
Las obras se extendieron durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, quien lo habitó en 1764, pese a que los trabajos se continuaron hasta el siglo XIX e incluso el XX, cuando se derribaron las caballerizas que proyectó Sabatini y se sustituyeron en 1933 por los actuales jardines que llevan el nombre del arquitecto de Carlos III. El palacio se planteó a prueba de incendios, eliminando para ello toda la madera, salvo en puertas y ventanas.
El Palacio es una sólida construcción de estilo Barroco tardío y con influencias francesas e italianas. Tiene 870 ventanas, 240 balcones, 44 escaleras y 110 puertas.
La iconografía del palacio fue encargada al padre Sarmiento quien quiso mostrar la grandeza de España personificada -de acuerdo a la mentalidad de la época- en sus grandes hombres, razón por la cual, dispuso la instalación de estatuas colosales en lugares estratégicos de sus fachadas. Las estatuas que coronaban el edificio (con reyes desde Ataulfo a Fernando VI), fueron retiradas por temor a su gran peso y sustituidas por jarrones por una orden de Carlos III invocando razones de seguridad, pero en realidad estos se debieron principalmente al nuevo gusto de la época que retornaba al más puro clasicismo. Posteriormente se emplearon como ornamento de los alrededores del Palacio y en los Jardines del Buen Retiro y otras a lugares realmente alejados de su ubicación original, como Pamplona, Burgos o la Plaza de Oriente ubicada frente al Palacio.
Así pues recordemos que en su proyecto y construcción intervinieron los arquitectos Juvara y Sacchetti, Ventura Rodríguez y Sabatini. En su obra y decoración intervinieron artistas españoles y extranjeros, entre los que cuentan Conrado Giaquinto, Juan Tiépolo, Rafael Mengs, etc.
El imponente edificio tiene planta rectangular, con unos 140 m. de lado, un gran patio central y cuatro cuerpos salientes en los ángulos. De estilo barroco clasicista, sobre un zócalo almohadillado se alzan severos muros en los que, rítmicamente, se alternan enormes pilastras y columnas dóricas que se coronan con una balaustrada adornada por varias estatuas.
La fachada S (frente a la catedral de la Almudena) se halla coronada por un frontón y precedida por la Plaza de la Armería. La fachada E es el lado frontal a la plaza de Oriente. La fachada N, da a los jardines de Sabatini, trazados por el arquitecto F. García Mercadal durante los años 30 bajo la II República. La fachada O, sobre el campo del Moro, es la perspectiva más llamativa y se ve desde el alto de la c/ Bailén a la ribera del Manzanares.
Dos siglos de historia se reflejan en este palacio, que es uno de los mejores de Europa, así como sus porcelanas, tapices, muebles, armaduras y cuadros.
Actualmente continúa siendo Palacio Real, aunque no se habita como tal, sólo para las recepciones oficiales del actual jefe de Estado, el Rey. Una parte de sus dependencias se halla dedicada a Museo.
Palacio. La planta baja en dirección a la Plaza de Armas está inspirada en el último proyecto que Bernini efectuó para el Palacio del Louvre y en la fachada del Palacio de Versalles que da a los jardines y la real armería, que conserva armaduras de Carlos V a Felipe II
Lo que fueron apartamentos reales hoy se destinan a las reacepciones de S. M. el Rey. Una monumental escalera conduce a las habitaciones de Carlos III. el salón de alabarderos, el salón de columnas, (en el cual los jueves santos los reyes lavaban los pies a 25 pobres), el salón del trono o Salón de Embajadores tiene una magnífica bóveda, con pinturas de Mengs. En la antecámara real, dos retratos de Goya: Carlos IV y María Luisa, la saleta de Gasparini, El salón Gasparini (es una pieza suntuosa, excepcional en su refinada decoración, al estilo rococó), comedor de Carlos III; el salón de Carlos III, su dormitorio (donde murió en 1788); la sala de la porcelana, (resalta por estar recubierta de ese material) y el comedor de gala, (que hoy continúa con la misma función, su capacidad es de 145 comensales).
Dentro del área de habitaciones de Francisco de Asís, esposo de Isabel II, merecen la atención las sillas del llamado salón Amarillo. El comedor de gala de Alfonso XII sigue siendo hoy el lugar de los solemnes banquetes oficiales. Una joya especial es la riquísima colección de relojes que alberga el salón de Música, y que inició Carlos III en 1770.
El actual museo de tapices se ubica en lo que fueron habitaciones de la Reina María Cristina, madre de Alfonso XIII. Son notables la lámpara de la primera sala, salida de la Real Fábrica de La Granja, el mobiliario de estilo Isabel II, la amplia serie de retratos reales, los relieves en estuco, al estilo pompeyano, de la sala de los Espejos.
En el saliente izquierdo de la fachada a plaza de Oriente, más de veinte salas constituyen las habitaciones de Alfonso XII y su esposa Victoria Eugenia, últimos ocupantes reales del palacio, que abandonaron una mañana de 1931 camino del exilio. Es magnífico el salón del Trono, con una bóveda pintada por el Tiépolo en 1764 y su vistoso tapizado en rojo.
El museo de pinturas, bordados, porcelanas y cristalería se encuentra en el primer piso, en lo que fueron habitaciones de la hermana de Alfonso XII, la infanta Isabel. Presenta una muestra de objetos de este tipo pertenecientes a las familias reales de sumo interés. En pintura destacan un Bosco, varios lienzos de Rubens, otros tantos de Zurbarán, un San Pablo de El Greco, varios Goyas, el retrato del Conde-Duque de Olivares.
La biblioteca fue fundada por Felipe V y consta de más de 150.000 volúmenes, entre ellos algún incunable y manuscritos de incalculable valor. La sala de Medallas muestra una colección de piezas que abarcan desde el S. XVI hasta hoy. En una última sala, el museo de Música expone excelentes instrumentos musicales, como varios Stradivarius, dos pianos reales, dos preciosas guitarras, etc.
En cada rincón del palacio está impresa la mezcla de sobriedad y elegancia, dentro de un estilo clasicista. Los actuales reyes no lo usan más que para actos oficiales, entre las salas que se utilizan para este fin cabe destacar la decoración con frescos de Tiépolo, Bayeu y Mengs, sobresaliendo el salón de porcelana, réplica de la que se encuentra en el Palacio de Aranjuez Y el museo de carruajes
TEATRO REAL.
Plaza de Oriente, 5.
En sus orígenes, esta zona quedaba fuera de la muralla árabe, y allí se encontraban las Fuentes del Arrabal, también llamadas Caños del Peral por ser unos lavaderos públicos.
Desde 1704 se comenzó a habilitar como teatro al iniciarse por aquellos días las obras del Teatro Real, por orden expresa de la reina Isabel II. En principio fue teatro de la ópera, hasta 1965, en que queda como Sala de Conciertos, Escuela Superior de Arte Dramático y Conservatorio. Su extraño diseño en hexágono irregular se debe a la necesidad de conformarlo a la traza general de la plaza de Oriente. La sala tiene forma de herradura, con la caja del escenario como un gran espacio rectangular. Estuvo cerrado desde 1926 a 1966. Sigue un estilo neoclásico. En la actualidad está dedicado a Teatro de la Ópera.
CATEDRAL DE LA ALMUDENA
C/ Bailén y Cuesta de la Vega.
Procede del ambicioso y retardado proyecto de dotar a Madrid de una catedral. El primer intento en este sentido data de la época de Carlos IV, pero la idea empezó a tomar forma definitiva con motivo del derribo de la iglesia de Santa María, en 1870, considerada hasta entonces como la más antigua de la ciudad y localizada en la calle Mayor precisamente frente a lo que hoy se conoce como cripta de la Almudena.
En 1880 se daría el visto bueno a un proyecto del marqués de Cubas, que preveía la construcción de un gran templo neogótico, pero el intento quedaría paralizado ante el temor de que desentonase con el cercano diseño del Palacio Real. La cripta de la Almudena, de estilo neomedieval, conserva sobre el altar mayor la imagen de la patrona de Madrid que da nombre a este templo.
VIADUCTO.
C/ Bailén, sobre la C/ Segovia.
Resuelve la necesidad histórica de unir el Palacio real con Las Vistillas, salvando la vaguada de la calle de Segovia. Técnicamente es una magnífica obra racionalista de F. J. Ferrero y otros, en hormigón armado pulido, con tres bóvedas de 35 m. de luz cada una y 17,50 m. de flecha, construidas por cuatro nervios que soportan una estructura aporticada, en coincidencia con el eje de los montantes. Proyectado en 1932 y restaurado en 1977-78, sustituyó al primer viaducto de hierro (1872).
IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE LOS SERVITAS.
Plaza. de San Nicolás, s/n.
Esta iglesia es de estilo mudéjar; su arquitecto es anónimo y data su edificación del S. XII hoy declarada Monumento Nacional.
La iglesia ha sufrido varias transformaciones, pero conserva parte de la torre mudéjar, del S. XII, el reto, cabecera, ábside y su artesonado y yesería en el interior, son del mismo estilo mudéjar-gótico, del S. XV.
Fue creada como iglesia mozárabe. Hoy día tras las reformas franquistas sigue dedicándose este edificio también al culto.
PLAZA DE LA VILLA
La plaza de la Villa de Madrid tiene gran solera. Desde ella se gobierna la Villa desde tiempo inmemorial.
La iglesia de San Salvador, situada en la esquina de la calle Mayor con la de Señores de Luzón, tenía un gran atrio a donde acudían a reunirse los vecinos para discutir lo relativo a la vida comunal.
En 1346, Alfonso XI nombró un “regimiento” formado por 12 regidores que representaban a los vecinos. Nace así el Ayuntamiento de Madrid, del que hay noticias escritas desde 1464.
Estos regidores se reunían también en el atrio de la Iglesia de San Salvador, y al derribarse ésta en 1559, con motivo del ensanche de la calle Mayor, decidieron construir ya un edificio para sus reuniones. En la actualidad, la plaza es irregular y tiene a cada uno de los lados la llamada Casa de la Villa, actual Ayuntamiento, la Casa Cisneros, y la Casa de los Lujanes, en tanto que el cuarto lado es el que da a la calle Mayor.
Es uno de los rincones más bellos y mejor conservados de la geografía madrileña
CASA DE LA VILLA.
Plaza de la Villa, 5.
Sobre un solar propiedad del Municipio, se comienza en 1664, con proyectos de Gómez de Mora; fallecido éste, se hace cargo de la obra José Villarreal, y más tarde Teodoro de Ardemáns, pero siempre respetando los proyectos de aquél.
Su fachada es típica del clasicismo madrileño del S. XVII, inspirada en El Escorial: sencillez de líneas, torres en los ángulos rematadas por agudos chapiteles.
En 1789, Juan de Villanueva realiza una serie de renovaciones, como es el gran balcón que da a la calle Mayor.
La doble función de Casa Consistorial y cárcel, hará que el edificio tenga dos puertas a la calle, característica curiosa para una construcción de este tipo. El interior alberga zonas de gran interés: la escalera principal, el patio de cristales, distintos salones y la antigua capilla.
CASA CISNEROS.
Plaza de la Villa, 4.
Casa-palacio, construida en 1537 por Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del Cardenal, es una de las pocas obras de estilo plateresco que se conservan en Madrid. Estuvo preso Antonio Pérez ministro de Felipe II y vivió el Duque de Rivas.
La fachada a la calle del Sacramento es la más interesante. En 1909, el Ayuntamiento hizo una gran reforma a cargo del arquitecto Luis Bellido en 1910-14, la anexionó a la casa de la Villa por un pasadizo alto. Contiene mobiliario de estilo castellano y un excelente techo artesonado en el salón de Tapices flamencos del S. XV.
TORRE DE LOS LUJANES
Plaza. de la Villa, 2.
La Torre y la Casa de los Lujanes data de finales del S. XV y principios del siguiente, por tanto, es de las pocas construcciones que permanecen en Madrid de aquella época. Pertenecía esta edificación a una de las nobles familias madrileñas, de los Lujanes, como puede verse en los escudos de la portada gótica de la Casa. Su estilo es del gótico mudéjar. Fue reformada para albergar la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas fundada por Isabel II, restaurada entre 1910-12
Se dice que aquí estuvo prisionero Francisco I, el rey de Francia preso en la batalla de Pavía.
IGLESIA DE SAN MIGUEL o (IGLESIA PONTIFICIA)
C/ Santos Justo y Pastor.
Esta iglesia fue apadrinada por el infante don Luis Jaime de Borbón, que encargó los proyectos al arquitecto Teodoro Ardemans en el X. XVII y luego, en 1739 a Giacomo Bonavia se le encarga un nuevo proyecto
Destaca la fachada convexa, rematada por dos torres con originales chapiteles y frontón también curvo. La iglesia fue comenzada en 1739 y terminada en 1746, y constituye un valioso ejemplo del Rococó franco-italiano en Madrid. Es de destacar en ella su belleza interior, así como la originalidad de la planta, que tiene sus antecedentes en los maestros barrocos italianos.
LA PLAZA MAYOR
La plaza Mayor es una de las más bellas y más tradicionales de la ciudad que sorprende por su gran sentido de la armonía y sobriedad. En ella, además de tabernas y restaurantes es posible encontrar las más inverosímiles tiendas de mercería, baúles y maletas, las más antiguas sombrererías, alpargatas antiguas; y bajo las galerías una congregación de filatelistas y numismáticos que impregnan el ambiente de un delicioso sabor provinciano y popular.
Sobre la Plaza del “Arrabal”, Felipe II quiso hacer una gran plaza más moderna. Pidió para ello proyectos a Juan de Herrera pero fueron aprobados los del arquitecto Juan Gómez de Mora, quien dio comienzo a la edificación en el año 1616, dándose por concluida la obra en 1619.
Gómez de Mora hubo de ajustarse al único edificio que existía, que era el de la Casa de la Panadería de Sillero. Forma un rectángulo cerrado de 122 por 94 metros. Inicialmente estaba rodeada de casas de ladrillo de cinco pisos que se levantaban sobre los porches de piedra, todas poseían balcones adornados con filetes en negro y oro entre cada piso. Con gran sabiduría supo armonizar todo el conjunto, en el que podían alojarse 3.700 vecinos, en 136 casas con 437 balcones. El edificio principal, la Casa de la Panadería, era de propiedad municipal y en cuyos bajos habitaban los panaderos de los alrededores y en la planta principal existían espléndidos salones con un gran balcón desde el cual los reyes presenciaban los espectáculos
En su origen, el color de las fachadas fue rojo, más tarde conoció el blanco, y en la actualidad la Plaza Mayor ostenta en sus viviendas el color rojo. La forma de la plaza sería rectangular, como correspondía a la nueva plaza de una ciudad barroca.
Esta plaza tuvo desde el primer momento un carácter municipal y popular, destinándose a la contemplación de actos públicos habituales, aquí se ejecutó a condenados famosos (el marqués de Siete Iglesias), y se quemaban los herejes condenados por la Inquisición. Curiosamente, el uso de balcones no era exclusivo de los inquilinos de la vivienda, sino que estos se hallaban obligados a cederlos a invitados reales o bien para ser vendidos como localidades por el Concejo (Ayuntamiento).
Las casas eran de alquiler, y de los dos edificios principales, uno era la Casa de la Panadería, en cuyos bajos estaba instalada la panadería de la Villa, mientras en la planta principal existían espléndidos salones y un gran balcón desde el cual los reyes podían presenciar los espectáculos 1ue en aquel recinto se celebraban.
Frente a ésta, la Casa de la Carnicería, y bajo los soportales, diferentes vendedores de cáñamo, sedas, hilos y muchos más comerciantes, lo que hizo que, al igual que la Puerta del Sol, fuera éste un lugar muy concurrido de Madrid.
Tres incendios sufrió la Plaza Mayor: en 1631, 1672 y 1790. Por ello hubo de ser restaurada sucesivas veces, y se promulgaron ordenanzas contra incendios, las primeras que existieron en Madrid.
El último de los grandes incendios que sufrió la plaza, en 1791, obligó a reformarla por completo. El arquitecto Juan de Villanueva se ocupó de los trabajos y respetó escrupulosamente el trazado original de Gómez de la Mora, aunque uniformó la altura de los pisos de las fachadas igualándolos a la altura de la Casa de la Panadería.
La inauguración de esta plaza se efectuó en 1620 coincidiendo con la beatificación de San Isidro, patrón de la ciudad, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri, lo que motivó una justa poética en la que intervinieron Guillermo de Castro, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Se representaron dos comedias que Lope de Vega había escrito para la ocasión.
En la Plaza Mayor han celebrado de numerosos acontecimientos: desde proclamación de reyes, autos de fe de la Santa Inquisición, ejecuciones y fiestas de toros que llenaron de historia esta plaza, en la cual se congregaban cerca de 50.000 personas para presenciar los espectáculos. Para este tipo de ocasiones las fachadas eran cubiertas con telas de color verde y carmesí, prestando especial atención al balcón real ubicado en el segundo piso del edificio de la Panadería, el cual se adornaba con tisú de oro. El último gran acontecimiento fue la proclamación como reina de Isabel II, el 29 de septiembre de 1833..
Entre los más famosas están las fiestas por la llegada a Madrid del Príncipe de Gales en 1623, para casarse con la infanta Doña. María de Austria, hermana de Felipe IV, matrimonio que no se llegó a realizar. También se celebraron las fiestas de proclamación de los reyes, desde Felipe IV a Isabel II. Allí fue decapitado el orgulloso D. Rodrigo Calderón; también se celebraron numerosos autos de fe.
Una de las innovaciones más recientes fue la colocación de la estatua ecuestre de Felipe III, realizada en 1616 por Juan de Bolonia y Pietro Tacca y que quedó instalada en este lugar, en el año 1847, a iniciativa de Ramón de Mesonero Romanos, uno de los grandes cronistas con que contó de la ciudad.
El carácter de la Plaza Mayor no se ha perdido aún con el pasar de los años.
En la actualidad las actividades que se llevan a cabo en la Plaza Mayor son muy distintas pero los madrileños siguen acudiendo puntualmente todas las Navidades a recorrer los puestecillos que se colocan para la venta de objetos propios de la festividad como con las tradicionales figuras del belén. También se celebran espectáculos como los Festivales de España con representaciones de teatro, ballet y exhibiciones hípicas que imitan los torneos medievales, no faltan, ya que todos los domingos se congregan bajo sus galerías un animado mercado filatélico, las exposiciones de Filatelia y numismático, y en fin, es uno de los pocos lugares de la capital en donde el tiempo parece haberse parado.
IGLESIA DE SAN GINÉS
C/ Arenal, 13.
La capilla del Santo Cristo es una de las más antiguas de Madrid, levantada entre 1651-59 sobre los restos de una iglesia visigoda o mozárabe. La capilla es de una sola nave, con pequeña cúpula en el crucero. La parroquia es de tres naves y amplias capillas laterales de planta cuadrada, crucero y cúpula. El interior sufrió una importante reforma den el S. XVIII.
DESCALZAS REALES
Plaza de las Descalzas, 3.
Antes fue Palacio del Tesorero de Carlos I. Sólo queda el zaguán.
Fue fundación de Doña. Juana de Austria, hermana de Felipe II, la que eligió el palacio de D. Alonso Gutiérrez para adaptarlo al Convento de Franciscanas Descalzas de Santa Clara, de gran pobreza y humildad. La fundación comprendía también un orfanato para niñas en el mismo edificio, una tahona y la Casa de la Misericordia, que acogía a religiosas y sacerdotes ancianos.
La transformación del palacio a convento fue obra del arquitecto Antonio Sillero y J. B. De Toledo del 1556-1559-1564, que siguió el estilo protorrenacimiento toledano.
La iglesia, con fachada herreriana, será posterior, obra de Juan Bautista de Toledo, a quien Felipe II hizo venir de Nápoles para su realización, y en ella intervino también Juan Gómez de Mora, ya en el S. XVII.
Doña. Juana fue madre del rey Don Sebastián. Su hermana María, emperatriz de Alemania, también se retiró al monasterio, al igual que su hija doña Margarita, la que no quiso casarse con Felipe II, ya viudo de María Manuela de Portugal, de María Tudor, de Isabel de Valois y de Ana de Austria. La monja emperatriz se enclaustro aquí después de haber dado dos emperadores a Alemania, una reina a Francia, otra reina a España, quince archiduques a la Casa de Austria. Los restos de doña Juana reposan bajo la estatua orante esculpida por Pompeyo Leoni.
El conjunto es muy valioso, pues se trata del único ejemplo que hay en Madrid de la terminación del período ojival y de la plenitud del Renacimiento, su interior fue reformado casi en su totalidad por Juan de Villanueva en el siglo XVIII. Este convento tiene gran interés artístico, ya que guarda en su interior múltiples obras. Desde el claustro alto se abren sucesivas capillas que encierran auténticas joyas de arte, en el antecoro se encuentra una gran colección de ornamentos religiosos y valiosas tallas; el salón de tapices reúne buena parte de la importante colección que regalara a este convento la infanta Isabel Clara Eugenia, la magnífica colección de tapices del S. XVII de Taes y Geubels sobre cartones de Rubens y también se halla presente el retrato de la infanta Isabel que pintara Van Dyck. Cuenta además, con un excelente patrimonio en tallas de Pedro de Mena, Gregorio Fernández, pinturas de Zurbarán, Tiziano, Brueghel el Viejo, Ricci y Claudio Coello.
A través del recorrido también se puede admirar la casita de Nazaret, la capilla del milagro, el salón de los reyes y la sala de la escuela flamenca.
El convento estaba reservado a las hijas de la alta nobleza, profesaron en este convento monjas de sangre real y de la aristocracia y albergó a figuras tan relevantes como la misma Juana de Austria, a su madre la emperatriz Isabel y a Santa Teresa de Jesús. Todo ello explica la magnífica colección de obras de arte que se han acumulado a lo largo de los siglos y que estuvieron siempre protegidas por la clausura.